31 July 2005

Abrí repentinamente los ojos sobresaltada, pero todo estaba en silencio. Dando media vuelta intenté volver a domrmirme, sin embargo ya me había desvelado. Aparté la colcha y me levanté. Un rápido vistazo al reloj me bastó para comprender el porqué de tanta tranquilidad. "Sólo son las nueve", pensé. "Aún falta un rato para que se levanten los demás". Intentando hacer el menor ruido posible me vestí, hice la cama y fui a desayunar. Cogí un libro y me puse a leer. Ni siquiera se me ocurrió encender la televisión. La verdad es que la programación me parecía muy poco interesante, especialmente a esas horas de la mañana en las que consistía casi exclusivamente en dibujos animados.
Leí un capítulo, y otro y otro. Las hojas pasaban lentas, pero casi sin darme cuenta ya había leído la mitad del libro. Y el silencio continuaba siendo tan intenso, tan palpable como antes. Un mal presentimiento, una extraña sensación de tristeza y angustia me invadió. Me levanté y fui a la habitación de mi hermano pequeño. Era raro que no se hubiera despertado, porque normalmente era el más madrugador de todos. Me asomé con cuidado para no despertarle si estaba dormido, y me llevé una sorpresa al comprobar que la cuna estaba vacía. pensé que podría estar con mis padres, así que abrí despacio la puerta de su habitación y eché un vistazo. ¡La cama estaba vacía, no había nadie! Entré para cerciorarme, porque mi cabeza se negaba a comprender lo que veían mis ojos. Me quedé unos momentos sin saber qué pensar, y después entré corriendo en la habitación de mi otro hermano. Ya esperaba lo que iba a encontrar: otra cama vacía. Empecé a ponerme nerviosa. No podía pensar con claridad. Entonces me di cuenta de que ninguna de las camas estaba hecha, sino que tenían el edredón y las sábanas revueltas, como si se hubieran levantado apresuradamente. Una sensación de soledad y desamparo se adueñó de mí, pero me obligué a pensar fríamente. Quise llamar a mis abuelos a ver si sabían algo, pero al descolgar el auricular del teléfono todo lo que oí fue un pitido: el teléfono no funcionaba.

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