31 July 2005

Volví a casa, no podía hacer otra cosa. No sabía qué hacer y encendí la televisión, pero sólo se veían rayas. Pronto comprobé que la radio tampoco funcionaba. Esto me hizo darme cuenta de la triste verdad que me negaba a aceptar: estaba sola.
Los días pasaron y , con el tiempo, éste dejo de tener sentido para mí. Qué me importaba si era lunes o juves, si eran las cuatro o las cinco de la mañana.
Al principio pensaba que todo era una ilusión, que me había vuelto loca o que Dios se estaba riendo de mí. Pensaba que todo era un sueño del que despertaría algún día, pero eso nunca ocurría.
Un día empecé a hablar. Necesitaba oír una voz, una voz real. El silencio me aterraba. Por eso decidí escribir, escribir mi historia, como una especie de diario. Y, a la vez que lo hago, la leo en alto. Es tan fuerte el silencio, tan opresivo...

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