No estaba despierta, pero tampoco dormida. Y así, en ese estado entre el sueño y la vigilia, pasaban lentamente los segundos de su solitaria vida. En un principio había intentado leer, escribir, entretenerse de alguna forma. Pero con los tediosos segundos interminables de soledad también había venido el aburrimiento. Fue perdiendo interés por todo y permanecía así, en un estado de latente tristeza que la consumía. Su única distracción, la única que la atraía mínimamente todavía, era escribir, a lo que dedicaba un ratito en sus momentos de lucidez:Afuera la lluvia interminable continúa anegando el mundo. Es como si el cielo llorase mi pena. Después de aquel día aciago en el que mi vida se sumió en la más pura soledad, busqué sin éxito cualquier indicio de vida ajena a mí. No encontré la más pequeña señal de ella. Todo parecía abandonado apresuradamente, como si todos hubieran tenido que partir de repente. Todos menos yo.
Y aquí sigo todavía. Parece increíble que aún tenga fuerzas para seguir viviendo. Ya he renunciado a toda ilusión o esperanza de que cualquier día las cosas cambien. Sé que no tendré el valor suficiente para vivir con un futuro tan incierto. Hace días que no como. Ya nada me importa. Me gustaría poder sumirme en un dulce sueño de olvido, como todos los que me han abandonado...

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